lunes, 28 de abril de 2008

Mariposas


El juego consistía en atraparlas -con las manos, jamás con redes- y metérselas a la boca enseguida. Antes, él tragaba saliva y ahuecaba la lengua. Adentro, las sentía aletear, y casi las podía ver, dejando su polvo amarillo entre las rugosidades del paladar y las encías. Le hacían cosquillas.Eran sólo unos segundos, y luego abría la boca para verlas salir volando, confundidas y vacilantes, y retomar enseguida su rumbo danzante de mariposas.
Ella llegó un día con su vestido blanco, de percal y bordados. Vaporosa, pequeña, traía sus nueve años asomados a las sandalias. Él apenas la vio, concentrado en atrapar su próxima cosquilla.- ¿A qué juegas?- A comer polvo de mariposas.Y le mostró cómo se hacía. Incluso atrapó una para ella; la niña la tomó, la retuvo en su boca unos minutos y la dejó salir.
- ¿Y ahora?- Ahora atrapas otra.
- Qué aburrido.
Las niñas, siempre las niñas. No entienden nada. Y siguió buscando alas entre el césped, con el ceño fruncido, sin mirarla.
Volvió la chica al otro día, con trenzas y descalza. Él la vio de lejos, pero la ignoró. Acababa de echarse una mariposa en la boca, cuando ella se le plantó enfrente, y cruzó los brazos, resuelta, autoritaria.
- Pásamela.
Y se le acercó, suave pero definitiva, hasta tocar sus labios con los de él. Abrieron la boca, una sola. Dentro de esa cavidad hubo silencio, y voló una mariposa.
Él se retiró, asustado. Ella, inmóvil, sintió un batir de alas elevarse desde su lengua hacia el sol, y sonrió. Luego salió corriendo, y, ya lejos, le hizo señas.
- ¡Mañana me pasas otra! - fue lo último que se escuchó.
(Tomada de un cuento catalán, llevado a la oralidad por José Luis Mellado, y re-traicionado en el papel, por alguien especial) Gracias Xi

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